La CGT recordó ayer el Día de la
Lealtad en la cancha de River con una convocatoria
multitudinaria que ocupó buena parte del estadio y que se
extendía en una marea desordenada por los alrededores. El acto
por el 17 de octubre se convirtió, por el peso de las columnas,
por el orden de los manifestantes que sólo cargaban packs de
agua mineral, por la ausencia de incidentes, en otra
demostración del rol cada vez más protagónico del movimiento
obrero. “Este acto maravilloso y multitudinario refleja como
pocas cosas la profunda transformación política, económica y
social que ha tenido la patria. Piensen si hace diez años atrás
se podría haber reunido esta cantidad de trabajadores”, analizó
la presidenta Cristina Fernández. Poco antes, el secretario
general de la CGT, Hugo Moyano, había hecho su interpretación
del mismo proceso: “Los trabajadores tienen que pasar de ser un
instrumento de presión a ser un instrumento de poder.”
El acto en River confirmó una vez más la “alianza estratégica”,
según la definición de Cristina, entre el gobierno y la mayor
parte del movimiento obrero. Convocados por el Consejo Directivo
de la CGT, aunque sin ningún aporte de los gremios vinculados a
los servicios –los llamados “gordos”, hegemónicos durante el
menemismo–, decenas de miles de trabajadores llenaron el campo,
las populares y la platea San Martín del estadio Monumental.
Según el cálculo del locutor del acto, la convocatoria llegaba a
145 mil personas. Tiempo Argentino la estimó en 100 mil, cifra
en que coincidieron agencias de noticias internacionales. Así,
se convertiría, como mínimo, en el acto más concurrido realizado
en una cancha de fútbol de los últimos 15 años.
Además del creciente espacio que va ganando el sindicalismo
–proceso que inquieta al sector empresario, como quedó en
evidencia en el reciente coloquio de IDEA–, la convocatoria
ratificó la sintonía general, salvo contradicciones de segundo
orden, entre la conducción de la CGT y la cúpula del
kirchnerismo. “Quiero agradecerles la lealtad”, reconoció la
presidenta al comenzar su discurso. “En este camino de la
lealtad, los trabajadores somos leales a quienes no traicionan a
los trabajadores, a los que mejoran la dignidad de sus vidas. Y
me estoy refiriendo al ex presidente Néstor Kirchner y a la
actual presidenta, Cristina de Kirchner”, había dicho Moyano
poco antes.
En el escenario montado de espaldas a la platea Belgrano, ayer
sólo ocupada por banderas de los gremios, pudo verse a buena
parte de la dirigencia oficialista. Eso sí, hubo muy pocos
intendentes. Además de la presidenta y el líder de la CGT, en
primera fila se sentaron el titular del PJ y secretario general
de la Unasur, Néstor Kirchner; los gobernadores Daniel Scioli
(Buenos Aires) y Sergio Urribarri (Entre Ríos); los ministros
Carlos Tomada (Trabajo) y Julio De Vido (Planificación); más
unos cuantos miembros del Consejo Directivo de la CGT. Estaban
los dirigentes Omar Viviani (taxistas), Omar Plaini
(canillitas), Juan Carlos Schmid (Dragado y Balizamiento),
Andrés Rodríguez (UPCN) y Gerardo Martínez (UOCRA).
En primera fila también se ubicaron el presidente provisional
del Senado, José Pampuro, y el diputado Héctor Recalde,
apoderado legal de la CGT. Recalde es autor del proyecto para
que los trabajadores sean beneficiados con el 10% de las
ganancias empresarias. Al terminar su discurso, Moyano se
refirió a la iniciativa para pedir a los diputados y senadores
del oficialismo que voten el proyecto en el Congreso. “Nunca las
empresas han ganado tanto dinero como en este gobierno y el
anterior. Que participen con un pedacito de esas ganancias. Les
pido que voten la ley de participación en las ganancias. Es una
ley revolucionaria”, exhortó el camionero (ver p. 4). No fue su
único pedido.
Tras referirse al 82% móvil y luego de cuestionar a la oposición
por votar una ley que consideró un “engaño”, Moyano le hizo un
pedido en público a la presidenta. Ante los 100 mil
trabajadores, y mientras las cámaras transmitían en vivo, el
secretario general de la CGT solicitó a la jefa de Estado que el
Ejecutivo “hiciera un esfuerzo” para que los jubilados “estén un
poco mejor”. “Este es el gobierno que más hizo por los jubilados
en los últimos años. Por eso hagamos un esfuerzo porque no
queremos que engañen a los jubilados, queremos que les den
dignidad”, argumentó. Y luego pidió que el Estado construya más
viviendas para los trabajadores. En el gobierno ese rubro está a
cargo del ministro De Vido.
Luego llegó el turno de la presidenta. Se acercó a la tarima que
decía “La hora de los trabajadores”. Alrededor suyo la aplaudían
miembros del Consejo Directivo de la CGT que se codeaban con
miembros del Gabinete, como el canciller Héctor Timerman y el
jefe de Gabinete, Aníbal Fernández. “He conocido traiciones de
las más profundas que se puedan conocer en el ejercicio de la
primera magistratura”, recordó enseguida Cristina. La mención a
Julio Cobos, pronunciada justo en la misma semana en que el vice
desempató en contra del oficialismo en la votación por el 82%
móvil, fue acompañada con la promesa de seguir resistiendo. “No
voy a aflojar ni abajo del agua, voy a seguir rompiéndome el
lomo porque ustedes y muchísimos otros, que no están, me dan
fuerza para eso”, aseguró Cristina. La frase fue muy festejada
arriba del palco: los dirigentes se pararon para aplaudir un
buen rato. <