ZAPATOS
 
 
Póntelos, o arrójalos con
      fuerza,
la mayor fuerza y la más
      cuidada puntería,
que los caminos siempre
      son posibles.
 
 
           Eduardo Dalter
 
 
Buenos Aires, dic., 2008
 
 

 

 

 

 

 

 

SANGRE ESPESA
 
 
Hubo cientos, miles
      de Gaitanes
anónimos y Cristos,
      entre
la desolación, el cerco,
      el hambre
y la injusticia ciega,
      para que tantos
hombres tristes en
      los caminos
cerrados tomaran el
      rumbo
empinado y riesgoso
      de la selva.
 
 
    Eduardo Dalter
 
 
Buenos Aires, 9 de marzo 2008
 

 

 

 

 

 

 

 

9 DE JULIO
Souvenir patrio
 
 
 
La nieve cae
      lentamente
(cada vez más
      lentamente),
como desde un
      sueño
      o un olvido,
y así se ve
      también
desde los umbrales
      desolados
      o sin tregua
y desde los parques
      sin un alma,
mientras va quedando
      todo,
todo debajo y
      espumoso,
como en una historia
      de alegrías
      y de sombras
--una historia, una
      historia blanca,
      blanqueada--,
todo neblinoso y
      semioculto,
entre bullicios y
      reflejos,
mientras la hora
      avanza,
      avanza,
también lenta (casi
      solitaria),
y anochece.
 
 
        Eduardo Dalter
 
 
 
Buenos Aires, julio, 2007

 

 

 

 

 

 

 
DESTINOS
(Casi una poética)
 
Tu destino te sorprenderá
cada momento.
WILLIAM BLAKE
A José Antonio Cedrón y
a José Emilio Tallarico
 
Desde qué orilla abrir, cerrar
        los ojos;
desde cuál punto de qué orilla.
        Cada orilla,
cada punto de orilla adelanta,
        en su cielo
y horizonte, una respuesta
        diferente
que supone cada palabra que
        se imagine
o que se diga. Todo camino
        comienza
a abrirse según donde decida
        afirmar
uno los pies y hacia dónde
        apunte
uno su historia y su mirada.
        Uno eligió
--o eligió por uno el fuerte
        viento--
cada segundo, cada
        rumbo,
cada sendero ahondado o
        vasto
y nada puede salvarse en
        un cruce
ni en un momento solo que
        se abra.
La suerte, o mala suerte,
        siempre
estuvo despierta y estuvo
        echada
como una apacible leona 
        al pie del árbol.
 
 
              Eduardo Dalter
 
 
 
Buenos Aires, 7 de septiembre, 2006
 

 

 

PARA UN CANTO AL COMANDANTE

 

 

¡Viva la Humanidad!

FIDEL CASTRO RUZ

Facultad de Derecho, 2003

 

 

Habría de algún modo que juntar

       todas las noches,

las despedidas, los ayunos;

también los insomnios, las grietas

       y las fiebres,

acuerdos, desacuerdos, pero,

       por sobre todo,

el nervio y la pureza de quienes

       estos años largos

dieron todo y no pidieron nada

--sólo acaso una brisa, para que

       la hora

no quedara en agua de borrajas

       o en olvido--.

Toda la savia, los ojos, las

       miradas,

cuando apuntaron con claridad

       al horizonte

cerrado, herido,

       o confuso.

Y aun más: el ondular, cavilar

       y tronar

de nuestros ríos,

y toda la fuerza de mil brazos,

       un mar de brazos,

       en su destino y su oleaje,

y todos los bordes y fondos

       espesos de desdicha,

y los viejos, legendarios caminos

       --Tupac, Simón,

       Martí...--

y los que también ya son aire

       común y son historia

--Sierra Maestra, La Habana,

       Playa Girón, el Che...--,

y los caminos nuevos, y los que

       ahora mismo,

paso a paso, se estarán haciendo

       sobre el arduo desierto

       o la subida,

y pensar, enhebrar, así

       como sentimos,

       respiramos,

un canto al Comandante,

       un canto silvestre, 

con las ramas, hojas y flores de

       las horas,

con todos los brillos de la vida

       y de la historia

que nos tienen de pie

       por un mundo

       de aire soleado

y de belleza. Un canto de hecho,

que a veces siento ya fue escrito

       en los años

y todos guardan y saben de

       memoria.

 

 

                          Eduardo Dalter

 

Buenos Aires, abril de 2006

 

 

BASURALES DE HAITÍ
 
 
 
La ONU y la OEA son la muestra más
      alta y sostenida
de promiscuidad terminal, de barbarie
      y de miseria.
Piénsese si no en estos falsificadores y
      cuatreros
entrando al basural, entre zánganos y
      moscas,
con urnas repletas de votos populares,
      al abrigo de la noche
pestilente. Piénsese si no en los zamuros
      del Consejo de Seguridad
revoloteando afiebrados por la paz, la
      democracia y el respeto.
Piénsese si no en los cuervos y bestias
      del Departamento
de Estado bullendo y graznando por lo
      mismo,

mientras el pueblo más devastado de la

      Tierra
lo grita a todo grito por las calles de
      caseríos y poblados
bajo las balas de los cascos imperiales
      y la muerte.
Piénsese si no en tantos siglos de
      rapacidad colonial y de barbarie
y en esta humanidad a flor de piel,
      invadida, saqueada,
y malherida hasta los huesos,
      que está saliendo a todo,
y desafiando todo, por su vida.
 
 
                                 Eduardo Dalter
 
 
Buenos Aires, 16 de febrero, 2006 
    
 
 

CAMPAÑAS DE INVIERNO

 
 
 
Ha venido creciendo,
      en vacío
y en olvido,
      el gran pozo
oscuro, que la hojarasca,
      también
creciente, no deja
      respirar.
El pozo, el gran pozo,
      entre el temor
y la quebradura
      fría,
que ahondan otro pozo
      de por sí,
donde se vuelcan a
      menudo
los sobrantes, las
      espumas...
Reinos cerrados
      en que no entra
      una palabra,
sólo cifras, clamor
      pérfido,
mientras por encima
      de la precariedad,
el dolor, las nuevas
      ruinas,
se está montando
      la misma
comedia que siempre
      está por terminar
entre el polvo, el borde
      filoso
y la humareda.
 
 
 
            Eduardo Dalter
 

 

 

Eduardo Dalter nació en Buenos Aires en 1947. Poeta e investigador cultural. Algunos de sus poemas y artículos fueron incluidos en importantes suplementos y publicaciones del continente: revista Crisis (Buenos Aires), revista Alero (Universidad de Guatemala), Revista Nacional de Cultura (Caracas), entre otras. De su obra poética se cuentan: En la medida de tus fuerzas (1982), Silbos (1986), Hojas de sábila (1992), Mareas (1997), N.Y. Postales para enviar a los amigos (1999), Bocas baldías (2001), entre otros títulos. En el año 2000 publicó un trabajo de investigación acerca de la poesía del Harlem titulado Harlem: los blues de la historia, y en 2004 apareció en Casa de las Américas (La Habana) su obra El mercado de la muerte. Dirigió en el lapso 1994-2002 la revista de poesía latinoamericana Cuaderno Carmín. En septiembre de 2005 se presentó en Buenos Aires su antología poética Hojas de ruta (1984-2004)